Los vecinos del municipio avileño de Bolivia nunca habían vivido un huracán como Irma
BOLIVIA, Ciego de Ávila.— Cuando llegó el ciclón, el cielo se volvió rojo y en el horizonte todos vieron una nube de fuego, que avanzó contra el pueblo lanzando chispas en medio de la oscuridad. Entonces los vientos se convirtieron en ráfagas y Vicente Tamayo Martínez, vecino del batey, gritó: «¡Oye, Bolivia va a coger candela!». La noche no pareció tener fin y dentro de sus hogares y en los centros de evacuación, por primera vez en sus vidas los habitantes del municipio de Bolivia escucharon asombrados unos silbidos interminables y fuertes.
Desde ese momento y durante 14 horas, la pregunta en la mente de 11 000 personas fue qué ocurría de verdad allá afuera. A pesar de los intentos, la mayoría no pudo saberlo porque en la calle se escuchaban unos estruendos, y muchos se sentaron en sus casas para mirar cómo las persianas temblaban y los llavines empezaban a separarse por sí solos de las cerraduras de las puertas.

El batey de Bolivia sobrevivió por sus árboles. Ellos aguantaron los vientos de Irma. Foto: Luis Raúl Vázquez Muñoz
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