La nueva balacera de libros digitales

En el año 2000, el exitoso autor norteamericano Stephen King lanza su obra Cabalgando la bala solo en formato digital. Parecía el final de una guerra entre escritores partidarios y contrarios del libro electrónico, una batalla decisiva en la que uno de los más prolíficos y buscados narradores del hemisferio occidental inclinaba la balanza del lado de los que querían democratizar el conocimiento. ¿Qué sucedió antes de eso, qué encuentros «armados» se dieron entre los bandos contrarios?

Desde el surgimiento de la imprenta, la carrera por extender la lectura ha sido uno de los fenómenos más significativos en el campo cultural; de hecho, amplió el horizonte de muchas lenguas al ser llevadas al papel, o sea, al pasar del sonido a la letra. Así, el español, el alemán, el italiano y el francés, por solo mencionar algunas, iban del vulgo a las bellas artes, de la verbalización al enrevesamiento de ideas y metáforas. Obviamente también en aquel entonces hubo quien se opuso a la imprenta. Esos estaban interesados en mantener una sola lengua culta: el latín, forma además de enclaustrar en abadías y monasterios las verdades o mentiras hasta entonces escritas.

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