Dos noticias dieron la vuelta al mundo tan rápido como arde la pólvora ante el fuego, y el resultado es que Estados Unidos ha acabado como el refrán: Donde dije digo, digo Diego.
Primero, el fin de semana trascendió que la empresa norteamericana Google retiraba la licencia del sistema operativo Android al fabricante chino Huawei, gigante tecnológico mundialmente conocido por sus teléfonos móviles. Ellos en consonancia con sanciones promovidas por la administración del Gobierno de Donald Trump contra China, siempre bajo el manto de «amenazas» a la seguridad nacional de Estados Unidos.
Según reportó Reuters, la Cámara de Comercio de Estados Unidos ubicó a Huawei en la tenebrosa Entity List, un listado de compañías a las que se les prohíbe comprar tecnologías o bienes de empresas norteamericanas sin una autorización del Gobierno de ese país.
La medida provocó la revisión de Google del acuerdo con Huawei y la consecuente suspensión de la licencia de Android para el fabricante chino, considerado hoy como el segundo del mercado móvil en varias regiones del mundo, solo superado por Samsung en cuanto a ventas.
Según un documento del Departamento de Comercio estadounidense firmado contra Huawei y revelado por Reuters, a la Entity List se añadieron la empresa principal y 68 subsidiarias repartidas alrededor del mundo, desde Canadá hasta Japón.
Estados Unidos alegó en este caso que Huawei es una amenaza nacional para la seguridad de las telecomunicaciones, y acusó a la empresa de espionaje. Previamente, el pasado 16 de mayo el presidente Donald Trump había firmado una orden ejecutiva que declaró una «emergencia económica», la cual empoderó al Gobierno para bloquear tecnologías y servicios de «adversarios foráneos» bajo la premisa de que constituyen «riesgos inaceptables», según reveló The Guardian. Aunque dicha orden ejecutiva no mencionó a ningún país o compañía en específico, se especuló que estaba dirigida contra Huawei, que se ha visto acosada durante meses por el Gobierno estadounidense.
Huawei respondió que un bloqueo de EE. UU. a su tecnología no haría a ese país más fuerte, sino todo lo contrario, con daños para las compañías y los consumidores a largo plazo. Y lo hizo porque además de ser un fabricante de móviles, esta compañía es referente global en el despliegue de redes de telecomunicaciones.

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