
Comprensiva, sensible, exigente, flexible en su pensamiento e intransigente con la injusticia y lo mal hecho, Vilma es caudal de sabiduría. Foto: Archivo de Granma
Una mujer excepcional, que fue ejemplar demostración de pensamiento y conducta, de palabra y proceder, de hacer con el lenguaje de sus actos, lo que proclamaba con sus ideas y sus sentimientos. Vilma Espín es una de las grandes personalidades de la historia de nuestra Revolución, que dedicó su preciosa vida a luchar por la dignidad, la emancipación, la justicia, la igualdad. Ella encarnó, por sus cualidades, la inolvidable expresión martiana de que la sencillez es la grandeza.
Vilma, nacida y criada en el seno de una familia de alta posición económica, sin carencias materiales, nunca le acompañaron ni el lujo ni las banalidades.
Aquella joven reflexiva, muy serena, con un sentido ético en todas sus acciones y relación con sus amigos, que lo eran más por afinidad de valores que por posición social, fue sin proponérselo una líder natural para todos sus compañeros. La clave de aquella personalidad estaba en ser una preclara inteligencia sustentada en una ética, en unos inconmovibles principios morales.
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